martes, 21 de febrero de 2012

El mundo Contemporáneo*

El siglo XXI comienza cuestionando las estrategias y resultados de la posmodernidad, debatiéndola desde una nueva esfera ética donde se encuentran temas de bioética, aborto, lenguajes correctos, antitabaquismo, etc.; es la revitalización de valores para la protección moral del nuevo milenio. Este nuevo milenio es conocido como el siglo ético dialéctico, pues  por un lado la revitalización de la moral, por el otro el precipicio de la decadencia que ilustra la corrupción en la vida política y económica;[1] lo que nos lleva a la gestación de una sociedad posmoralista, es decir, una sociedad que solo sigue y valida las normas más cómodas y menos responsabilizadoras de la vida ética; es una ética de la convicción.

            La posmodernidad se gesta a mediados del siglo XX (1947-1950), por aquellos años se iniciaba un periodo de cambios políticos y económicos, mejor conocidos como La Guerra Fría. Este periodo de La Guerra Fría fue una etapa de confrontación ideológica, con una política de contención contra el comunismo ante su progresivo afianzamiento como respuesta a la decadencia de Europa y lo europeo[2]. Cuando el poder de la URSS recayó en Gorbachov el comunismo dio un giro en su pensamiento y en política exterior, finalizando la lucha de clases, defensa de los valores humanos, preocupación por el medioambiente; con este nuevo pensamiento el bloque comunista fue perdiendo poder lentamente, llevando a la apertura del muro de Berlín el 9 de Noviembre de 1989, en Diciembre de 1989 Bush, como presidente de Estados Unidos, hace oficial su retirada de la Guerra Fría, y en Diciembre de 1991 Gorbachov renuncia como presidente de la URSS, dando punto final a la URSS, a la Guerra Fría, y a la posmodernidad según algunos teóricos.

            Junto con la producción y el comercio de drogas, las armas han generado un clima de muerte latente, de intenso contrabando y ha creado todo un mundo de poderosas mafias; por otra parte, el cine de Hollywood propaga la violencia y, como ha podido advertirse en las últimas invasiones, el gobierno estadounidense recurre a la tortura, viola los derechos humanos y exalta la guerra, que a menudo se toma como juego. En el mundo se ha registrado violencia en las relaciones humanas e intrafamiliares motivada principalmente por las frustraciones personales, la ignorancia, la necesidad de sobrevivencia, la desigualdad económica, la ausencia de condiciones adecuadas de vida, la discriminación, exclusión y marginación.

Algunos pensadores sostienen que en los últimos años finalizó la modernidad y empezó una nueva época de la historia denominada posmodernidad; la modernidad se caracteriza por tener una perspectiva civilizatoria, un reforma al desarrollo industrial, una visión racionalista del mundo; se asume la modernidad como realidad conflictiva y con espíritu crítico, y se plantean sus alternativas históricas a partir de un diálogo con el pasado y con otras culturas… La nueva era que explícitamente invocaba estaba ligada a una nueva clase, y el anhelado grado cero de la historia significaba la esperanza utópica de un mundo histórico realmente gobernado por la condición humana;[3] Adorno y Horkheimer en Dialéctica de la Ilustración dicen que el proyecto ilustrado debe reflexionar sobre sí mismo si no se quiere que el hombre sea traicionado, pues no se trata de vivir un pasado sino concluir las esperanzas del pasado; el nihilismo y el vació simbólico y cultural expresaron el final de una cultura histórica, así la modernidad se propone una alternativa histórica como un proceso de autodisolución y reformulación de nuevos valores, llamada posmodernidad; la cual se caracteriza por la falta de programas sociales de largo alcance, por el egoísmo extremo, el alegre conformismo y la falta de preocupaciones de carácter social; por la pérdida de los valores universales impulsados por la Ilustración y el predominio de la lucha salvaje por la supervivencia del más fuerte; la posmodernidad implica la pérdida  de la memoria histórica, hace del pasado algo muerto, esto constituye una de las mayores amenazas para los seres humanos pues las grandes catástrofes podrían repetirse. 

             Llegan los años sesenta del siglo XX, y con ellos el fin de la experimentación y el final de las vanguardias; estamos ante un llamado al orden, a explorar una situación histórica de la vida: el reclamo de realidad, es decir, de unidad, simplicidad, comunicabilidad, etc.[4] Este periodo llamado posmodernidad, es un periodo vernáculo y ecléctico que da paso a la producción automatizada y a las investigaciones de mercado que permiten la producción de masa de una diversidad de estilos y proyectos “casi” personalizados;[5] es decir, se hace lo que le gusta a la gente, dando paso a la multiplicación de la diferencia para complementar la imagen y representación del individuo.

El problema fundamental con el que concluyó el siglo XX fue la profundización de la brecha que separa a los países ricos de los países pobres y a minoritarias clases acomodadas de las grandes masas de desempleados, excluidos y marginados. A pesar de la impresionante revolución científica y tecnológica registrada en la segunda mitad del siglo XX, la ausencia de democracia, el autoritarismo, las relaciones de servidumbre, la corrupción y el abuso de los trabajadores y campesinos, así como el aumento del analfabetismo, la desnutrición, las epidemias y las condiciones insalubres de vida son algunos de los problemas que dejan a la mayor parte de la población mundial sin ninguno de los beneficios que debería haber traído la modernidad.


Estamos en una etapa de conmoción social, ante nuevos procesos de socialización e individualización, considerando que el universo de los objetos, de las imágenes, de la información y de los valores hedonistas, permisivos y psicologistas, han generado una nueva forma de control de los comportamientos[6]; dichos controles permiten la diversificación de los modos de vida: revolución permanente de lo cotidiano y del individuo (privatización ampliada, erosión de la identidad, abandono ideológico, desestabilización de la personalidad) como una revolución individualista, más que como un proceso de personalización. Esta revolución individualista se presenta como culto a la libertad y respeto por las diferencias, dando una nueva significación de autonomía como una reestructuración del individuo bajo su propia ley.

Esta sociedad posmoderna es la sociedad de la indiferencia, donde las masas no tienen ídolo ni tabú y banalizan la innovación; este vacío es gracias a la desestabilización de la era del consumo, como crítica a la opulencia, en vías de un consumo cool, esto es una cultura hecha a la medida para mejorar la calidad de vida; en palabras de Lipovetsky esto el consumo a la carta, donde ya no importa la marca sino el objeto, como consecuencia de la tradición fordista: producir mucho, vender más barato y reducir la eficacia del producto. Dicho consumo cool se encarga de encontrar un público, dando unidad e identidad a los unos y a los otros adaptándose a sus necesidades.

Hablar del consumo a la carta, es hablara de la estimulación de la demanda, la multiplicación infinita de las necesidades y fiebre del confort, los estilos de vida, los placeres y los gustos se muestran cada vez más dependientes del sistema comercial;[7] al que gusta por este consumo se le ha denominado hiperconsumidor, quien puede acceder a múltiples placeres, gustando de las libertades y de los cambios motivándolo a la satisfacción. En el hiperconsumidor los objetos son símbolo de posición y categoría siendo el vehículo a la felicidad privada; son los signos que combino a mi manera.  

En esta personalización de los estilos de vida entra la figura de Narciso dando un nuevo sentido histórico aumentando las prioridades de las esferas privadas: es la transformación de los estilos de vida unida a la revolución del consumo lo que ha permitido ese desarrollo de los derechos y deseos del individuo, esa mutación en el orden de los valores individualistas[8]; resultado de una economía individualista que responde a necesidades personales.


[1] LIPOVETSKY, G, El crepúsculo del deber. La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos, p. 10.
[2] El comunismo buscaba la creación de un sistema socialista mundial, pues era una potencia expansionista territorial e ideológicamente que buscaba derrumbar la cultura de occidente; como parte de esta política expansionista se generaron conflictos tipos, es decir, que fueron característicos de la Guerra Fría, como La Guerra de Corea (1947-1948/1950-1953), La Crisis de los Misiles en Cuba (1953-1962), la construcción del muro de Berlín (1961), la Guerra de Vietnam (1962-1973/1975), la Guerra de Afganistán (1973-1989).
[3] SUBIRATS, Eduardo, El final de las vanguardias, p. 39
[4] LYOTARD, J, La posmodernidad (explicada a los niños), p. 17.
[5] APPIGNANESI, R, y Chris Garratt, Posmodernismo para principiantes, pp. 115-119.
[6] LIPOVETSKY, G, La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo, p5.
[7] LIPOVETSKY, G. La felicidad paradójica, p. 11.
[8] LIPOVETSKY, G, Op.cit No. 2. p.8.

Benjamín Martínez Castañeda

* Este ensayo fue escrito entre Diciembre de 2010 y Febrero de 2011 para mi proyecto de Tesis de Licenciatura: "El cuerpo post-humano y el cuerpo transexuado"



domingo, 29 de enero de 2012

El Arte como lenguaje *

El arte es una manera de hacer una acción voluntaria, dando como resultado una obra de arte, dicha obra cuenta con propiedad personal y experiencia expresable del autor de la acción; esta sensibilidad creadora es la mera refracción de las excitaciones que es el intercambio de potencias y actos de sensaciones puras como respuesta a la ausencia, esto es el objeto de la obra de arte.

El arte es también una actividad distintiva de la humanidad como todo embellecimiento de la vida ordinaria, varía según la cultura, mas no varía el carácter sustancial estético, que es una presentación del contexto: forma, habilidad y estilo; y de contexto significativo: sujeto y acciones simbólicas. Esta necesidad de belleza por parte de la imaginación creadora como placer estético es un lenguaje inconsciente.

El arte  es inteligible a la experiencia y puede adaptarse a su medio, parte de la cultura global y funciona como espejo de la sociedad entera. El artista crea un lenguaje simbólico que transmite mensajes codificados en una sociedad. El lenguaje simbólico puede ser religioso, ideológico o social al interpretar el tema se crea el mensaje pasando a formar parte de un lenguaje.

Las artes dependen mucho de los valores culturales y de una estructura sociopolítica con efectos en el reforzamiento simbólico de los valores que poseen diferentes roles de la cultura y sociedad de una época y su contenido y estilo expresan diferentes intereses y valores de la sociedad. Estos valores son rasgos convencionales en medios de expresión conocidos para hacerse comprensibles y acercarse a las cosas o a los hechos. El arte es un lenguaje hallado y entendió por esquematismos y convencionalismos que el artista crea como voluntad artística individual de formulaciones comunicables de una visión interior.

Como conclusión, el lenguaje es una manipulación de los datos sensoriales que transforma a éstos en objetos culturales. Las artes plásticas, por ser un lenguaje, son el término, lo resultante de todo un sistema de signos que constituye un repertorio y un conjunto. El valor de los signos plásticos se modifica en el decurso de los siglos, esto es debido a que los lenguajes artísticos sólo sirven porque informan sobre datos de una sociedad, en un lugar preciso y en un tiempo delimitado. El arte es la esencia misma de lo humano y encarna la experiencia del hombre y sus aspiraciones, el arte obra en una sociedad más o menos como en la vida de un hombre; se convierte en el emblema de un grupo. El arte simboliza el espíritu del hombre y le ayuda a conseguir sus objetivos.

Benjamín Martínez

* Este ensayo fue escrito en Noviembre de 2008 como trabajo final para la Asignatura: Teoría del Arte 1 a cargo de la Profra. Jarumi Dávila en la ENAP / UNAM.