martes, 21 de enero de 2014
jueves, 16 de enero de 2014
¿En defensa de qué decide morir Sócrates?
En
los diálogos platónicos se nos presenta a un Sócrates en continuo examen del
alma propia y de la ajena para descubrir el verdadero bien humano para sí, para
los otros y para la comunidad; se considera al hombre como un ser que razona y
que investiga lo universal como un hacer propiamente humano dirigido hacia el
saber y la razón, el hombre no puede obrar verdaderamente para su bien real si no “sabe”
qué es el bien, ese bien cuya consecución está en la “esencia” misma de vuestra
vida, nuestra felicidad,[1]
se trata de conocer lo que nosotros como hombres y consientes de nosotros
mismos somos, para Sócrates la filosofía será el conocimiento sí mismo. Para llegar a ese conocimiento se hace
a partir de lo que parece ser, al reconocer que opinar es un falso saber, donde
uno se hace consciente de que se sabe que no sabe a partir de la búsqueda de
definiciones del ”qué es” , es decir, las propiedades esenciales del objeto,
sin llegar a una definición satisfactoria del concepto.
El método socrático se basa en
razonamientos en acuerdo dialécticos como un interrogatorio que conduce a la
refutación, es más como un método hipotético, el método socrático-platónico como un todo implica un proceso
“elénctico”…tiene que ser entendido como un proceso que entraña sometimiento a
prueba, a examen, a diálogo y a reto entre los interlocutores, y como aquel que
busque cambiar su actual condición a otra mejor,[2]
esto es un tipo de educación de la verdad como tal; lo que en verdad se
propone es encontrar respuestas más exactas respecto a la naturaleza de las
cosas que podemos extraer de la realidad, con la finalidad de obtener un
conocimiento provisional del objeto en cuestión, que se comunica en términos
verbales y actos racionales. Este conocimiento provisional se refiere a la
búsqueda filosófica de la verdad, es someter a los objetos a examen
continuamente, de ahí que Sócrates insista en que los hombres estuvieran en constante
examen de nuestras vidas; la clave no
está en la respuesta final acerca de la naturaleza de la verdad, sino en la
preparación correcta para hacer la pregunta ideal que va a ser nuestra tarea en
la vida: el permanente examen de todo y el examen de uno mismo,[3]
se trata del autoconocimiento con tal que se llegue a ser una mejor
persona, la condición esencial es la autoconciencia de la ignorancia propia.
Revisé dos Apologías, la de Jenofonte y la de Platón, y
coinciden en varios puntos importantes y esenciales al porqué de la pregunta
del título; en un primer punto ambas ven en la decisión de Sócrates una postura
a favor de su vejez y hasta entonces haber vivido de la manera más agradable,
piadosa y justa. A su vez, veía que el seguir envejeciendo sería
contraproducente para el conocimiento y aprendizaje, optando por su condena
como un tipo de muerte menos embarazosa para los suyos. Jenofonte lo describe
de la siguiente manera: … elegiré morir
antes que seguir viviendo sin libertad suplicando ganar una vida mucho peor en
vez de la muerte[4];
y Platón por su parte lo narra citando un pasaje de la Ilíada: …que muera yo en seguida después de haber
hecho justicia al culpable, a fin de que no quede yo aquí junto a las cóncavas
naves, siendo objeto de risa, inútil peso de la tierra[5].
Estas dos citas dejan ver que para Sócrates el conocimiento de la verdad es
más importante que lo material y que él prefiere seguir filosofando y
examinándose, se encuentra en una posición de nunca temer ni evitar lo que no
sabe, tratándose aún de un bien.
Otro punto en el que coinciden ambas
Apologías es en reflexionar si es injusta o no el tipo de muerte de Sócrates,
Jenofonte declara que la condena a muerte la tenemos declarada al nacer, y
Platón lo pone como un regalo del dios al cumplir satisfactoriamente su función
de persuadir y despertar a la ciudad; aquí las Apologías dan un giro hacia el
tema de la justicia olvidando la refutación a los acusadores, el Sócrates de
Platón dice que no parará ante nada contra lo justo por temor a la muerte, y al
no ceder está dispuesto a morir: … a mí
la muerte me importa un bledo, pero que, en cambio, me preocupa absolutamente
no realizar nada injusto e impío..[6]
El Sócrates de Jenofonte expresa que la pena de muerte es para los que
roban, secuestran y traicionan a la ciudad y le resulta irónico que sus propios
adversarios en el juicio no lo acusen por alguno de estos crímenes, y dice: … no obstante, tampoco por el hecho de morir
injustamente tengo que sentirme menos orgulloso, porque eso no es ignominioso
para mí sino para quienes me han condenado… Se que también tanto el tiempo futuro
como el pasado serán para mí testigos de que jamás cometí injusticia contra
nadie…sino que hacia el bien a los conversaban conmigo…[7]
Ambos autores reflejan a un Sócrates dispuesto a persuadir al juez para no
obtener por favor lo justo sino para ser juzgado en función de las leyes.
Llega el momento de partir a la
celda y las Apologías ponen a un Sócrates resignado y dispuesto a morir a favor
del conocimiento y la justicia, Jenofonte lo despide como una persona altanera
y que por ello el tribunal dio el voto en su contra y lo despide de la
siguiente manera: …ha encontrado un
destino grato a los dioses, pues abandonó lo más dificultoso de la vida y
encontró la más fácil de las muertes[8].
Y Platón despide a un Sócrates con tesón haciendo una comparación entre la
muerte y la maldad, la primera corre más rápido en relación a la segunda y de
ahí el Sócrates de Platón se despide de la siguiente manera: … yo, como soy lento y viejo, he sido
alcanzado por la más lente de las dos. En cambio, mis acusadores, como son
temibles y ágiles, han sido alcanzados por la más rápida, la maldad… la muerte
sería una ganancia maravillosa… Es preciso que también vosotros, jueces, estéis
llenos de esperanza con respecto a la muerte y tengáis en el ánimo esta sola
verdad, que no existe mal alguno para el hombre bueno, ni cuando vive ni
después de muerto[9].
Es de esta forma que terminan las Apologías con un mismo Sócrates, aquel
que prefiere sufrir la injusticia que cometerla, pues es más grave esto último;
es un Sócrates dispuesto a morir, sabiendo que entre dos desgraciados, tanto
jueces como él, no pueden ser felices, ya que alguno de los dos conseguirá
salvarse del castigo y ese será el más desgraciado, es por ello que Sócrates
acepta su castigo como algo justo dictado por las leyes y así recibir un bien,
no la muerte sino librar del mayor mal a su alma.
En el Critón se puede observar este
proceso en el que Sócrates expone que desde siempre ha estado a favor del
razonamiento como lo más importante para el vivir bien, y lo hace explicando
que el cuerpo debe estar sano por dentro para poder tener un alma limpia y que
antes de estar bien consigo mismo y sus antepasados hay que estar bien y respetar
a la patria; hay que respetarla y ceder ante la patria y
halagarla … hay que convencerla u obedecerla haciendo lo que ella disponga; hay
que padecer sin oponerse a ellos, si ordena padecer algo… o para morir, hay que
hacer esto porque es lo justo, y no hay que ser débil ni retroceder ni
abandonar el puesto; ya que es impío hacer violencia a la madre y al padre,
pero lo es mucho más a la patria,[10]
este pasaje hace referencia al momento en que Sócrates examina el poder de
las leyes y las ve como un compromiso moral en el que se aceptan lo que ellas
ordenan y de no ser así se impondrán violentamente. Con esto, Sócrates hace
referencia al por qué ha aceptado serenamente su condena, si las leyes han
dictado que muera, él tendrá que morir antes que optar por el destierro; en
todo momento se presenta a un Sócrates que tiene presente siempre a las leyes y
lo justo antes que otra cosa, ya que durante el diálogo expresa que cuando
llegue al Hades podrá defenderse a su favor, …si te vas ahora, te vas condenado injustamente no por nosotras, las
leyes, sino por los hombres…[11]
Con la última cita quiero unir un
punto que se toca en el Gorgias, se aprecia la relación entre las leyes y la medicina;
Sócrates expresa que el castigo modera al hombre para hacerlo más justo, dicho
castigo es considerado como la medicina de la maldad, de ahí que él crea que el
ser más feliz es el que no tiene maldad en el alma, si cometes algún tipo de
injusticia y no pagas tu condena (culpa) ese será el mayor de todos los males.
El diálogo sigue y expresa que si cometiste algún tipo de injusticia vayas por
cuenta propia con un juez a recibir la medicina contra la injusticia (un
castigo), … obligarse a sí mismo y
obligar a los demás a no acobardarse, sino presentarse con los ojos cerrados y
valientemente al juez, como ante un médico para que opere y cauterice buscando
lo bueno y lo bello, sin pensar en el dolor; y si ha cometido una falta que
merece golpes, que se presente para que se los den… y si la muerte, para morir;
que sea el primer acusador de sí mismo…[12]
De esta forma quiero concluir el
ensayo, retomando las dos últimas citas del Critón y del Gorgias, para expresar
que estos diálogos nos permiten observar las consecuencias éticas de la
Apología; es decir, que la virtud (el bien) es el conocimiento para Sócrates,
de forma que nosotros tenemos que vivir pensando, “pensar” como una forma de
vida, ya que pensar es vivir.
BIBLIOGRAFÍA
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[1]
LAMANNA, E, Historia de la Filosofía I…, p.
148
[2]
PADILLA, Ma. T., La naturaleza…, pp.
37, 38
[3]
Ídem, p. 44
[4]
JENOFONTE, Apología, p. 55
[5]
PLATÓN, Apología de Sócrates, p. 166
[6] Op. Cit., p. 172
[7]
JENOFOTNE, Op. Cit., pp. 63, 64
[8] Ibíd., p. 66
[9]
PLATÓN, Op. Cit., pp. 182, 184, 185
[10]
PLATÓN, Critón, pp. 205, 206
[11]
Ídem., p. 210
[12]
PLATÓN, Gorgias, p. 76.
domingo, 8 de septiembre de 2013
Decadencia, deseo y gobierno
¿Cómo se forma una
ciudad?, Fustel de Coulanges explica que una tribu, una familia y la fratría
eran constituidas como cuerpos independientes al tener un culto especial, del
cual estaba excluido cualquier extraño, quedando prohibido la unión de dos en
una; sin embargo, de la unión de dos fratrías resultó una tribu, y así pudieron
unirse varias tribus, a condición de respetar sus cultos una de la otra,
ocurrido este pacto nació la ciudad. En algunas ocasiones las uniones fueron
voluntarias, o impuestas por la fuerza, conservando lo pactado en relación al
culto. Varias familias formaron la
fratría, varias fratrías, la tribu, varias tribus, la ciudad. Familia, fratria,
tribu, ciudad, son además sociedades exactamente semejantes entre sí, que han
nacido unas de otras por una serie de federaciones;[1]
es decir, que la ciudad no es un asamblea de individuos, sino una confederación
constituida por varios grupos. [2]
Así pues, había que darles reglas comunes que instituyeran el mando para
aceptar la obediencia, había que subordinar la pasión a la razón y la razón
individual a la razón pública, y la manera para lograr esto, fu a través de una
creencia, …es la obra de nuestro
espíritu, pero no somos libres de modificarla a nuestro gusto... Si nos ordena
obedecer, obedecemos; si nos prescribes deberes, nos sometemos. El hombre puede
domar a la naturaleza, pero está esclavizado a su pensamiento;[3]
siendo la idea religiosa la organizadora de la sociedad. Es lo que expresa
Hobbes en “El Leviatán” al decir que la base fundacional de toda sociedad, es
el temor.
Viendo otra idea de ciudad, Aristóteles ve en la polis algo ajeno a otras agrupaciones
humanas: la familia y la aldea, ya que vía a estas dos como producto específico
del hombre, es decir, como uniones de sangre o por interés sobre la vecindad; y
la polis deberá, no sobrevivir, sino
vivir bien, como comportamiento individual y colectivo organizado por una
constitución. Retomando la terminología aristotélica, se definen tres tipos de
actividad: théôria, praxis y poiesis, donde
la praxis es la única capaz de crear
algo nuevo, la théôria se encarga de
las esencias, y la poiesis de la
imitación de las formas naturales; así, la política como praxis, en tanto que interviene
para que la Ciudad de los hombres cuadre al cosmos y para que el individuo
pueda igualar la esencia de la que es imagen o el portador,[4]
esto es, que todo esta atravesado por las preocupaciones de la política,
donde todos dependen de las decisiones tomadas y del acto constantemente
renovado de las leyes que organizan la
ciudad como tal. En cuanto a la
evolución de las ciudades, Platón en la Carta VII declara que todos los
regímenes existentes son malos, debido a que en los orígenes de cada uno de
ellos se preludia su decadencia y agonía, llevando a la ciudad a la “edad de
bronce”, donde triunfa la ley del más fuerte y suceden abusos de poder y
rebeliones; dando a entender que la ciudad, sin importar que sea democrática,
oligárquica o monárquica, ha fracasado. La ruptura se dio con la aparición de los
“tiranos” [5],
rompiendo con las aristocracias ancestrales en las ciudades, los tiranos eran normalmente unos arribistas
de considerable riqueza, cuyo poder personal simbolizaba el acceso del grupo
social del que procedían a los honores y las posiciones elevadas dentro de la
ciudad;[6]
se trato de reivindicaciones
radicales y reformas económicas, favoreciendo a las clases populares, teniendo
que tolerarla para asegurar su poder, lo que mucho tiempo después será llamado
estado de excepción. [7]
Con la República, Platón cierra un período, consumando su
visión del mundo, edificado de la siguiente manera: por encima de la Nada que se mezcla a él, está la doxa, es decir, el
reino de la opinión, y en el que se sube gradualmente hacia el cielo de las
Ideas, que es el Bien.[8]
El tema central de la República ¿es la moral, la política, la justicia o el
Estado ideal?, para Platón, tales clasificaciones no existen, ya que todas
están fundadas al mismo tiempo; se trata de una genealogía de la justicia,
donde la debilidad estable las leyes como convenciones. La República presenta
un estado de crisis, donde el Estado bueno dependerá de la bondad del alma
individual, y la bondad del alma individual dependerá del Estado bueno; así
pues, habrá que evitar, ante todo, una
vida dominada por la ambición individual o incluso social… El Estado bueno será
aquel en que exista una división del trabajo en sentido general. La división
del trabajo será el presupuesto necesario de la definición de la justicia. La
sociedad implica,[9]
es decir que, la sociedad implica la división del trabajo como resultado de
la diversidad de necesidades del hombre. Para lograr la bondad del alma se debe
estar protegido de la influencia de los poetas, del dinero, de los apegos
particulares, en general del deseo de felicidad individual, de lo contrario se
llegará a la corrupción del Estado: la tiranía. El principio de placer [10]
es lo que amenaza la integridad del Estado, donde el mejor régimen se va
transformando en el peor pervertido por el poder y el deseo; ya que, por muy
perfecto que sea el Estado, siempre se verá amenazado por la decadencia. [11]
La idea del deseo es trabajado por Platón en el Banquete,
a partir de la idea del amor como deseo de lo que nos falta y que es
conveniente para nuestra naturaleza, también, amor es todo deseo de felicidad y
de lo bueno, es desear que lo bueno sea de uno para siempre, también es
considerado como procreación de la belleza corporal y espiritual.[12]
A diferencia del Banquete, en la República, el deseo se contrapone a la razón, [13]
a partir de una imagen hidráulica del alma, es decir, dos corrientes de deseos
opuestos: apetitos y razón; exponiendo así, una teoría tripartita del alma, la
parte racional (logistikon) que se
encarga de la verdad, la parte de los apetitos (epithymetikon) que se ocupa de los placeres sensibles, y la parte
irascible (thymoeidés) entendida como
el deseo de victoria, siendo esta última una energía erótica bivalente, que no
nos permite comprender apropiadamente qué es lo bueno en relación a las cosas
reales y las apariencias. [14]
BIBLIOGRAF, ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽Bilbauli Vol. 2. La Filosofulto, el
derecho y las instituciones de Grecia y roma, e y la historiografÍA
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Vol. 2. La Filosofía Griega, [Trad. Santos Juliá y Miguel Bilbatúa], 22ª
ed., España, Ed. Siglo XXI, 2003, pp. 51-173.
[1]
DE COULANGES, F, La ciudad se forma, en
La ciudad antigua…, p. 119.
[2]
“…cada uno va tomando consigo a tal hombre para satisfacer esta necesidad y a
tal otro para aquella; de este modo, al necesitar todos de muchas cosas, vamos
reuniendo en una sola vivienda a multitud de personas en calidad de asociados y
auxiliares y a esta cohabitación le damos el nombre de ciudad…”. PLATON, La República, 369 c.
[3]
DE COULANGES, F, Op. Cit., p. 124.
[4]
CHÂTELET, F, La ideología de la ciudad
griega, en Historia de las
ideologías…, p. 132.
[5]
“…cuando el jefe del pueblo, contando con una multitud totalmente dócil, no
perdona la sangre de su raza, sino que acusando injustamente, como suele
ocurrir, lleva a los hombres a los tribunales y se mancha, destruyendo sus
vidas y gustando de la sangre de sus hermanos con su boca y lengua impuras, y
destierra y mata mientras hace al mismo tiempo insinuaciones sobre rebajas de
deudas y repartos de tierras, no es fuerza y fatal destino para tal sujeto el
perecer a manos de sus enemigos o hacerse tirano y convertirse de hombre en
lobo…”, PLATÓN, La República, 566 a.
[6]
ANDERSON, P, Grecia, en Transiciones de la antigüedad…, p. 25.
[7] “…en
esa ciudad no sea obligatorio el gobernar, ni aun para quien sea capaz de
hacerlo, ni tampoco el obedecer si uno no quiere, ni guerrear cuando los demás
guerrean, ni estar en paz, si no quieres paz, cuando los demás lo están, ni abstenerte
de gobernar ni de juzgar…”. PLATÓN, La
República, 558 a.
[8]
WAHL, J, Platón, en Historia de la Filosofía…, p. 73.
[9] Op. Cit., p. 75
[10]
“…cuando duerme la parte del alma razonable, tranquila y buena rectora de lo
demás y salta la feroz y salvaje de ella, ahíto de manjares o de vino, y,
expulsando al sueño, trata de abrirse camino y saciar sus propios instintos…en
tal estado se atreve a todo, como liberado y desatado de toda vergüenza y
sensatez, y no se retrae en su imaginación del intento de cohabitar con su
propia madre o con cualquier otro ser, humano, divino o bestial, de mancharse
en sangre de quien sea, de comer sin reparo el alimento que sea; en una
palabra, no hay disparate ni ignominia que se deje atrás.” PLATÓN, La República, 571 c, d.
[11]
“…ningún gobierno cambia sino cuando se produce una disensión en el seno mismo
de aquella parte que ocupa los cargos, es imposible que se produzca ningún
movimiento mientras ella permanezca acorde…como todo lo que nace está sujeto a
corrupción, tampoco ese sistema perdurará eternamente, sino que se destruirá.”,
PLATÓN, La República, 545 d, 546 a.
[12]
A lo largo de todo el diálogo se presentan seis categorías de Eros, uno, el más
antiguo de los dioses causante de los mayores bienes para el hombre, también inspira
valor y sacrificio; el segundo Eros se presenta como la pasión sexual y como
una fuerza impulsora de nobles acciones ; el tercero es un dios unitario, aquí
se juzgarán las acciones humanas, serán buenas o malas según como se hagan, en
esta parte se conocen dos Eros, uno vulgar que prefiere los placeres del
cuerpo, y el Eros celeste que prefiere el perfeccionamiento moral e
intelectual; el cuarto que expresa una búsqueda del amor ente los hombres, se
refiere a cuando uno está en busca de su otra mitad, va en busca de Eros; el
quinto es un Eros máximo en justicia al ser incompatible con la violencia,
tiene autocontrol al imponerse al placer y al deseo. El sexto y último parte de
ser el deseo de algo que no tiene y por ello no puede ser ni bello ni bueno,
sino algo intermedio considerado un demon intermediario del hombre y los
dioses, esta naturaleza intermediaria lo provee de características como
búsqueda infatigable por un lado y muerte y resurrección por otro, esto debido
a que Eros es quien ama la sabiduría y se ubica entre el sabio y el ignorante,
por otro lado, Eros es el deseo de poseer siempre lo bueno y lo bello, también
ayuda a los deseos de reproducción humana, debido a que la belleza lo estimula
a hacerlo, pues Eros es un deseo de procreación de lo bello; esta procreación
se verá como prueba de la naturaleza mortal del hombre al dejar un legado
trascendente; se expresa que la manera correcta de acercarse a las cosas del
amor es llegar hasta la comprensión de la Belleza en sí a través del cuerpo,
alma y conocimiento como la verdadera virtud.
[13]
“…me parece que de los placeres y deseos no necesarios una parte son contra ley
y es probable que se produzcan en todos los humanos; pero, reprimidos por las
leyes y los deseos mejores con ayuda de la razón, en algunos de los hombres
desaparecen totalmente o quedan sólo en poco número y sin fuerza, pero en
otros, por el contrario, se mantienen más fuertes y en mayor cantidad.”, PLATÓN,
La República, 571 b.
[14]
“¿O no te has dado cuenta de que las imitaciones, en caso de que continuaran
por largo tiempo desde temprana edad, llegan a transformase en hábitos y en una
naturaleza, tanto respecto del cuerpo como del discurso o del intelecto?”,
PLATÓN, La República, 395 d.
martes, 14 de mayo de 2013
Recorrido por el arte del siglo XX en México
BREVE RECORRIDO POR LA HISTORIA DEL ARTE EN MÉXICO DEL SIGLO XX
ESCUELA MEXICANA DE PINTURA
A partir del fin de la Revolución mexicana el arte en México tomó un
rumbo nacionalista, pues trataba de definir lo que era “mexicano”; iniciándose
así la vanguardia mexicana con Saturnino Herrán, Francisco Goitia, entre otros;
y así dar paso a lo que sería la nueva educación del mexicano: “el muralismo”
con Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.
La vanguardia mexicana siguió avanzando y con ello el estilo artístico
mexicano en las manos de las surrealistas Leonora Carrington, Remedios Varo y
Frida Kahlo, que dieron paso a la nueva generación de artistas llamados “Nueva
Presencia”.
Y
AHORA VIENEN LOS ALBOROTADORES DE LA RUPTURA: “NUEVA PRESENCIA”
Nueva presencia fue un grupo de artistas mejor llamados como “Los
interioristas” por ir con la bandera del neohumanismo, sus intereses en la
experiencia artística era eso mismo, la pura experiencia de crear, a ellos ya
el muralismo no les importaba ya no creían eficaz un arte para el pueblo, ellos
tenían la necesidad de un lugar propio para exponer sus experiencias. Algunos
de los interioristas fueron Luis Nishizawa, Rafael Coronel, Francisco Corzas,
entre otros.
PORFIN LA TAN NOMBRADA “RUPTURA” DEL
ARTE EN MÉXICO
Por ruptura se entiende al periodo comprendido entre 1950 y 1970, la
ruptura fue la quiebra de los ideales y cánones estéticos del vanguardismo. El
abstraccionismo y el minimalismo fueron un muro de rebote entre la Escuela
Mexicana de Pintura; creándose así en 1952 un lugar específico para el arte
contemporáneo: “Museo de Arte Contemporáneo Carrillo Gil”.
El gurú de la ruptura fue Rufino Tamayo, este personaje se convirtió en
la institución y en el crítico de arte más importante de su época; otra persona
importante de la ruptura fue José Luis Cuevas quien rechazó por completo los
ideales de la Escuela Mexicana de Pintura, haciéndose fama fuera de su país.
DE LA PINTURA A LA INSTALACIÓN
LOS AÑOS 80´S
Con la tan nombrada “ruptura” del arte los cambios que se dieron fueron
de una retórica nacionalista en pro de una abstracción lírica y geométrica, es
decir una nueva figuración, para dar fin al culto de la pintura-pintura.
En la década de los 80´s, en México,
la obra de arte sufrió grandes cambios, la pieza dejó de ser bidimensional
adquiriendo un espíritu político y contestatario, el nuevo arte que se creaba
era llamado happening, performance, arteobjeto,
pintas e instalación, estas manifestaciones creaban una estética de
concientización, al involucrar al espectador en el acto creativo.
Dos grupos importantes fueron los
que impulsaron estos actos artísticos en nuestro país, uno fue el Grupo Suma
conformado por Oliverio Hinojosa, Adolfotográfo, y Javier de la Garza; el otro
fue el grupo del Geometrismo mexicano (el ultimo ismo en México) entre sus
integrantes están Sebastián, Jesús Mayagoitia, entre otros.
LOS AÑOS 90´S
La década de los 90´s es una época de diversidad en todos los aspectos:
diversidad sexual, diversidad de género, diversidad política y por supuesto
diversidad en el arte.
En el arte se vivirá una diversidad en la experimentación en producción
de imágenes perceptuales, al romper los cánones y métodos académicos; rechaza
la obra bidimensional y va en pro de la instalación como una nueva
espiritualidad en la fragilidad de la memoria y crea un espacio introspectivo
en la individualidad del ser humano, lo que hace a la instalación un arte
invendible.
El grupo de artistas pertenecientes
a esta generación de cambios en la dimensionalidad de la obra de arte se
encuentran el colectivo Arte Otro, Helen Escobedo, Alejandro Jodorowsky, Pedro
Friedeberg, Hersua, Felipe Ehrenberg y el colectivo Proceso Pentágono.
NUEVO MILENIO, TODO MUNDO HUYE DE SUS
TIERRAS Y ELLAS SE INTERNACIONALIZAN
ARTISTAS NÓMADAS Y ARTE IN SITU. LA
INSTALACIÓN EL PAN DE CADA DÍA.
El inicio del nuevo milenio en México viene acompañado de
transformaciones en el arte, una vieja corriente filosófica llamada deconstrucción nos trae a reciclaje los
inicios de la vida humana, las civilizaciones nómadas.
En el arte el nomadismo se presenta en la obra como objeto que muestra
el mundo en un espacio y tiempo siempre presente que cambia la visión del
artista en movimiento para intervenir siempre en otro espacio pero en el mismo
tiempo, recontextualizando y estetizando su trabajo al rotar por el mundo para
darle un valor de flujo y así crear un arte transterritorial.
Así es como el artista crea una instalación, con las negociaciones
culturales, físicas y sociales de su tierra, para llevarla fuera de ella y al
establecerla en un nuevo espacio, las condiciones socioculturales intervendrán
en ella cambiando su significado, y así perderá su condición nacionalista y
terminará en una globalización.
BIBLIOGRAFÍA
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Barrios, José Luis. Símbolos, fantasmas y afectos, 6
variaciones de la mirada sobre el arte en México. Ed. Casa vecina. México DF. 2007.
2.
Benítez, Isaa. Hacia otra historia del arte en México. VOL IV. Ed. CONACULTA. México DF. 2004.
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Debroise, Olivier. La era de la discrepancia: arte y
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Larrañaga, Josu. Instalaciones. COL. Arte hoy. Ed. Ramos. Madrid, España. 2001.
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Varios. 1900-2000 Un siglo de arte mexicano. Ed. CONACULTA. México DF. 1999
9.
Varios. Arte Contemporáneo de México en el
Museo Carrillo Gil. Ed. CONACULTA. México DF.
2000.
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