jueves, 16 de enero de 2014

¿En defensa de qué decide morir Sócrates?


En los diálogos platónicos se nos presenta a un Sócrates en continuo examen del alma propia y de la ajena para descubrir el verdadero bien humano para sí, para los otros y para la comunidad; se considera al hombre como un ser que razona y que investiga lo universal como un hacer propiamente humano dirigido hacia el saber y la razón,  el hombre no puede obrar verdaderamente para su bien real si no “sabe” qué es el bien, ese bien cuya consecución está en la “esencia” misma de vuestra vida, nuestra felicidad,[1] se trata de conocer lo que nosotros como hombres y consientes de nosotros mismos somos, para Sócrates la filosofía será el conocimiento sí mismo. Para llegar a ese conocimiento se hace a partir de lo que parece ser, al reconocer que opinar es un falso saber, donde uno se hace consciente de que se sabe que no sabe a partir de la búsqueda de definiciones del ”qué es” , es decir, las propiedades esenciales del objeto, sin llegar a una definición satisfactoria del concepto.

            El método socrático se basa en razonamientos en acuerdo dialécticos como un interrogatorio que conduce a la refutación, es más como un método hipotético, el método socrático-platónico como un todo implica un proceso “elénctico”…tiene que ser entendido como un proceso que entraña sometimiento a prueba, a examen, a diálogo y a reto entre los interlocutores, y como aquel que busque cambiar su actual condición a otra mejor,[2] esto es un tipo de educación de la verdad como tal; lo que en verdad se propone es encontrar respuestas más exactas respecto a la naturaleza de las cosas que podemos extraer de la realidad, con la finalidad de obtener un conocimiento provisional del objeto en cuestión, que se comunica en términos verbales y actos racionales. Este conocimiento provisional se refiere a la búsqueda filosófica de la verdad, es someter a los objetos a examen continuamente, de ahí que Sócrates insista en que los hombres estuvieran en constante examen de nuestras vidas; la clave no está en la respuesta final acerca de la naturaleza de la verdad, sino en la preparación correcta para hacer la pregunta ideal que va a ser nuestra tarea en la vida: el permanente examen de todo y el examen de uno mismo,[3] se trata del autoconocimiento con tal que se llegue a ser una mejor persona, la condición esencial es la autoconciencia de la ignorancia propia.

Revisé dos Apologías, la de Jenofonte y la de Platón, y coinciden en varios puntos importantes y esenciales al porqué de la pregunta del título; en un primer punto ambas ven en la decisión de Sócrates una postura a favor de su vejez y hasta entonces haber vivido de la manera más agradable, piadosa y justa. A su vez, veía que el seguir envejeciendo sería contraproducente para el conocimiento y aprendizaje, optando por su condena como un tipo de muerte menos embarazosa para los suyos. Jenofonte lo describe de la siguiente manera: … elegiré morir antes que seguir viviendo sin libertad suplicando ganar una vida mucho peor en vez de la muerte[4]; y Platón por su parte lo narra citando un pasaje de la Ilíada: …que muera yo en seguida después de haber hecho justicia al culpable, a fin de que no quede yo aquí junto a las cóncavas naves, siendo objeto de risa, inútil peso de la tierra[5]. Estas dos citas dejan ver que para Sócrates el conocimiento de la verdad es más importante que lo material y que él prefiere seguir filosofando y examinándose, se encuentra en una posición de nunca temer ni evitar lo que no sabe, tratándose aún de un bien.

            Otro punto en el que coinciden ambas Apologías es en reflexionar si es injusta o no el tipo de muerte de Sócrates, Jenofonte declara que la condena a muerte la tenemos declarada al nacer, y Platón lo pone como un regalo del dios al cumplir satisfactoriamente su función de persuadir y despertar a la ciudad; aquí las Apologías dan un giro hacia el tema de la justicia olvidando la refutación a los acusadores, el Sócrates de Platón dice que no parará ante nada contra lo justo por temor a la muerte, y al no ceder está dispuesto a morir: … a mí la muerte me importa un bledo, pero que, en cambio, me preocupa absolutamente no realizar nada injusto e impío..[6] El Sócrates de Jenofonte expresa que la pena de muerte es para los que roban, secuestran y traicionan a la ciudad y le resulta irónico que sus propios adversarios en el juicio no lo acusen por alguno de estos crímenes, y dice: … no obstante, tampoco por el hecho de morir injustamente tengo que sentirme menos orgulloso, porque eso no es ignominioso para mí sino para quienes me han condenado… Se que también tanto el tiempo futuro como el pasado serán para mí testigos de que jamás cometí injusticia contra nadie…sino que hacia el bien a los conversaban conmigo…[7] Ambos autores reflejan a un Sócrates dispuesto a persuadir al juez para no obtener por favor lo justo sino para ser juzgado en función de las leyes.
            Llega el momento de partir a la celda y las Apologías ponen a un Sócrates resignado y dispuesto a morir a favor del conocimiento y la justicia, Jenofonte lo despide como una persona altanera y que por ello el tribunal dio el voto en su contra y lo despide de la siguiente manera: …ha encontrado un destino grato a los dioses, pues abandonó lo más dificultoso de la vida y encontró la más fácil de las muertes[8]. Y Platón despide a un Sócrates con tesón haciendo una comparación entre la muerte y la maldad, la primera corre más rápido en relación a la segunda y de ahí el Sócrates de Platón se despide de la siguiente manera: … yo, como soy lento y viejo, he sido alcanzado por la más lente de las dos. En cambio, mis acusadores, como son temibles y ágiles, han sido alcanzados por la más rápida, la maldad… la muerte sería una ganancia maravillosa… Es preciso que también vosotros, jueces, estéis llenos de esperanza con respecto a la muerte y tengáis en el ánimo esta sola verdad, que no existe mal alguno para el hombre bueno, ni cuando vive ni después de muerto[9]. Es de esta forma que terminan las Apologías con un mismo Sócrates, aquel que prefiere sufrir la injusticia que cometerla, pues es más grave esto último; es un Sócrates dispuesto a morir, sabiendo que entre dos desgraciados, tanto jueces como él, no pueden ser felices, ya que alguno de los dos conseguirá salvarse del castigo y ese será el más desgraciado, es por ello que Sócrates acepta su castigo como algo justo dictado por las leyes y así recibir un bien, no la muerte sino librar del mayor mal a su alma.

            En el Critón se puede observar este proceso en el que Sócrates expone que desde siempre ha estado a favor del razonamiento como lo más importante para el vivir bien, y lo hace explicando que el cuerpo debe estar sano por dentro para poder tener un alma limpia y que antes de estar bien consigo mismo y sus antepasados hay que estar bien y respetar a la patria;  hay que respetarla y ceder ante la patria y halagarla … hay que convencerla u obedecerla haciendo lo que ella disponga; hay que padecer sin oponerse a ellos, si ordena padecer algo… o para morir, hay que hacer esto porque es lo justo, y no hay que ser débil ni retroceder ni abandonar el puesto; ya que es impío hacer violencia a la madre y al padre, pero lo es mucho más a la patria,[10] este pasaje hace referencia al momento en que Sócrates examina el poder de las leyes y las ve como un compromiso moral en el que se aceptan lo que ellas ordenan y de no ser así se impondrán violentamente. Con esto, Sócrates hace referencia al por qué ha aceptado serenamente su condena, si las leyes han dictado que muera, él tendrá que morir antes que optar por el destierro; en todo momento se presenta a un Sócrates que tiene presente siempre a las leyes y lo justo antes que otra cosa, ya que durante el diálogo expresa que cuando llegue al Hades podrá defenderse a su favor, …si te vas ahora, te vas condenado injustamente no por nosotras, las leyes, sino por los hombres…[11]

            Con la última cita quiero unir un punto que se toca en el Gorgias, se aprecia la relación entre las leyes y la medicina; Sócrates expresa que el castigo modera al hombre para hacerlo más justo, dicho castigo es considerado como la medicina de la maldad, de ahí que él crea que el ser más feliz es el que no tiene maldad en el alma, si cometes algún tipo de injusticia y no pagas tu condena (culpa) ese será el mayor de todos los males. El diálogo sigue y expresa que si cometiste algún tipo de injusticia vayas por cuenta propia con un juez a recibir la medicina contra la injusticia (un castigo), … obligarse a sí mismo y obligar a los demás a no acobardarse, sino presentarse con los ojos cerrados y valientemente al juez, como ante un médico para que opere y cauterice buscando lo bueno y lo bello, sin pensar en el dolor; y si ha cometido una falta que merece golpes, que se presente para que se los den… y si la muerte, para morir; que sea el primer acusador de sí mismo…[12]

            De esta forma quiero concluir el ensayo, retomando las dos últimas citas del Critón y del Gorgias, para expresar que estos diálogos nos permiten observar las consecuencias éticas de la Apología; es decir, que la virtud (el bien) es el conocimiento para Sócrates, de forma que nosotros tenemos que vivir pensando, “pensar” como una forma de vida, ya que pensar es vivir.














BIBLIOGRAFÍA

BELAVAL, Yvon, Sócrates, en PARAIN, Brice (Dir.), Historia de la Filosofía Vol. 2: La Filosofía Griega, Ed. Siglo XXI, México, 2003, 347 pp.

JENOFONTE, Apología. Banquete. Recuerdos de Sócrates, [Trad. José Antonio Caballero López], Alianza Editorial, España, 2009, 327 pp.

LAMANNA, E. Paolo, Los Sofistas y Sócrates, en Historia de la Filosofía I. Filosofía de la Antigüedad, Ed. Librería Hachette S.A, Argentina, 1957, 411 pp.

MacINTYRE, Alasdair, Los Sofistas y Sócrates, en Historia de la ética, Ed. Paidós, España, 2006, 289 pp.

PADILLA. Ma. Teresa, La naturaleza del método socrático-platónico, en Tópicos, revista de filosofía, No. 25, 2003, pp. 35-46.

PLATÓN, Apología de Sócrates y Critón, en Diálogos Tomo I, [Trad. J. Calonge Ruíz, E. Lledó Íñigo, C. García Gual], Ed. Gredos, España, 1981, 592 pp.

________, Gorgias, en Diálogos Tomo II, [Trad. J. Calonge Ruíz, E. Acosta Méndez, F. J. Olivieri, J. L. Calvo], Ed. Gred


[1] LAMANNA, E, Historia de la Filosofía I…, p. 148
[2] PADILLA, Ma. T., La naturaleza…, pp. 37, 38
[3] Ídem, p. 44
[4] JENOFONTE, Apología, p. 55
[5] PLATÓN, Apología de Sócrates, p. 166
[6] Op. Cit., p. 172
[7] JENOFOTNE, Op. Cit., pp. 63, 64
[8] Ibíd., p. 66
[9] PLATÓN, Op. Cit., pp. 182, 184, 185
[10] PLATÓN, Critón, pp. 205, 206
[11] Ídem., p. 210
[12] PLATÓN, Gorgias, p. 76.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Decadencia, deseo y gobierno


¿Cómo se forma una ciudad?, Fustel de Coulanges explica que una tribu, una familia y la fratría eran constituidas como cuerpos independientes al tener un culto especial, del cual estaba excluido cualquier extraño, quedando prohibido la unión de dos en una; sin embargo, de la unión de dos fratrías resultó una tribu, y así pudieron unirse varias tribus, a condición de respetar sus cultos una de la otra, ocurrido este pacto nació la ciudad. En algunas ocasiones las uniones fueron voluntarias, o impuestas por la fuerza, conservando lo pactado en relación al culto. Varias familias formaron la fratría, varias fratrías, la tribu, varias tribus, la ciudad. Familia, fratria, tribu, ciudad, son además sociedades exactamente semejantes entre sí, que han nacido unas de otras por una serie de federaciones;[1] es decir, que la ciudad no es un asamblea de individuos, sino una confederación constituida por varios grupos. [2] Así pues, había que darles reglas comunes que instituyeran el mando para aceptar la obediencia, había que subordinar la pasión a la razón y la razón individual a la razón pública, y la manera para lograr esto, fu a través de una creencia, …es la obra de nuestro espíritu, pero no somos libres de modificarla a nuestro gusto... Si nos ordena obedecer, obedecemos; si nos prescribes deberes, nos sometemos. El hombre puede domar a la naturaleza, pero está esclavizado a su pensamiento;[3] siendo la idea religiosa la organizadora de la sociedad. Es lo que expresa Hobbes en “El Leviatán” al decir que la base fundacional de toda sociedad, es el temor.

            Viendo otra idea de ciudad, Aristóteles ve en la polis algo ajeno a otras agrupaciones humanas: la familia y la aldea, ya que vía a estas dos como producto específico del hombre, es decir, como uniones de sangre o por interés sobre la vecindad; y la polis deberá, no sobrevivir, sino vivir bien, como comportamiento individual y colectivo organizado por una constitución. Retomando la terminología aristotélica, se definen tres tipos de actividad: théôria, praxis y poiesis, donde la praxis es la única capaz de crear algo nuevo, la théôria se encarga de las esencias, y la poiesis de la imitación de las formas naturales; así, la política como praxis, en tanto que interviene para que la Ciudad de los hombres cuadre al cosmos y para que el individuo pueda igualar la esencia de la que es imagen o el portador,[4] esto es, que todo esta atravesado por las preocupaciones de la política, donde todos dependen de las decisiones tomadas y del acto constantemente renovado de las leyes  que organizan la ciudad como tal.  En cuanto a la evolución de las ciudades, Platón en la Carta VII declara que todos los regímenes existentes son malos, debido a que en los orígenes de cada uno de ellos se preludia su decadencia y agonía, llevando a la ciudad a la “edad de bronce”, donde triunfa la ley del más fuerte y suceden abusos de poder y rebeliones; dando a entender que la ciudad, sin importar que sea democrática, oligárquica o monárquica, ha fracasado.  La ruptura se dio con la aparición de los “tiranos” [5], rompiendo con las aristocracias ancestrales en las ciudades, los tiranos eran normalmente unos arribistas de considerable riqueza, cuyo poder personal simbolizaba el acceso del grupo social del que procedían a los honores y las posiciones elevadas dentro de la ciudad;[6]  se trato de reivindicaciones radicales y reformas económicas, favoreciendo a las clases populares, teniendo que tolerarla para asegurar su poder, lo que mucho tiempo después será llamado estado de excepción. [7]

            Con la República, Platón cierra un período, consumando su visión del mundo, edificado de la siguiente manera: por encima de la Nada que se mezcla a él, está la doxa, es decir, el reino de la opinión, y en el que se sube gradualmente hacia el cielo de las Ideas, que es el Bien.[8] El tema central de la República ¿es la moral, la política, la justicia o el Estado ideal?, para Platón, tales clasificaciones no existen, ya que todas están fundadas al mismo tiempo; se trata de una genealogía de la justicia, donde la debilidad estable las leyes como convenciones. La República presenta un estado de crisis, donde el Estado bueno dependerá de la bondad del alma individual, y la bondad del alma individual dependerá del Estado bueno; así pues, habrá que evitar, ante todo, una vida dominada por la ambición individual o incluso social… El Estado bueno será aquel en que exista una división del trabajo en sentido general. La división del trabajo será el presupuesto necesario de la definición de la justicia. La sociedad implica,[9] es decir que, la sociedad implica la división del trabajo como resultado de la diversidad de necesidades del hombre. Para lograr la bondad del alma se debe estar protegido de la influencia de los poetas, del dinero, de los apegos particulares, en general del deseo de felicidad individual, de lo contrario se llegará a la corrupción del Estado: la tiranía. El principio de placer [10] es lo que amenaza la integridad del Estado, donde el mejor régimen se va transformando en el peor pervertido por el poder y el deseo; ya que, por muy perfecto que sea el Estado, siempre se verá amenazado por la decadencia. [11]

            La idea del deseo es trabajado por Platón en el Banquete, a partir de la idea del amor como deseo de lo que nos falta y que es conveniente para nuestra naturaleza, también, amor es todo deseo de felicidad y de lo bueno, es desear que lo bueno sea de uno para siempre, también es considerado como procreación de la belleza corporal y espiritual.[12] A diferencia del Banquete, en la República, el deseo se contrapone a la razón, [13] a partir de una imagen hidráulica del alma, es decir, dos corrientes de deseos opuestos: apetitos y razón; exponiendo así, una teoría tripartita del alma, la parte racional (logistikon) que se encarga de la verdad, la parte de los apetitos (epithymetikon) que se ocupa de los placeres sensibles, y la parte irascible (thymoeidés) entendida como el deseo de victoria, siendo esta última una energía erótica bivalente, que no nos permite comprender apropiadamente qué es lo bueno en relación a las cosas reales y las apariencias. [14]







BIBLIOGRAF,  ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽Bilbauli Vol. 2. La Filosofulto, el derecho y las instituciones de Grecia y roma, e y la historiografÍA

ANDERSON, Perry, Grecia, en Transiciones de la antigüedad al feudalismo, [Trad. Santos Juliá], 22ª ed., España, Ed. Siglo XXI, 1970, pp. 23-39.

CHÂTELET, François, La ideología de la ciudad griega, en CHÂTELET, François y Gérard Mairet (ed.), Historia de las ideologías. De los faraones a Mao, España, Ed. AKAL, 1989, pp. 130-148.

DE COULANGES, Fustel, La ciudad, en La ciudad antigua. Estudio sobre el culto, el derecho y las instituciones de Grecia y Roma, [Trad. Daniel Moreno], México, Ed. Porrúa, 1971, pp. 109-223.

FIEERO, María Angélica, La teoría platónica del éros en la República, en Diánoia, volumen LIII, número 06, mayo 2008, pp. 21-52.

JAEGER, Werner, La República I, en Paideia: los ideales de la cultura griega, [Trad. Joaquín Xirau y Wenceslao Roces], 2ª ed., México, Ed. FCE, 1962, pp. 589-676.

PLATÓN, La República, [Trad. José Manuel Pabón y Manuel Fernández-Galiano], España, Ed. Alianza, 1999, 605 pp.

WAHL, Jean, Platón, en PARAIN, Brice (dirección), Historia de la Filosofía siglo veintiuno. Vol. 2. La Filosofía Griega, [Trad. Santos Juliá y Miguel Bilbatúa], 22ª ed., España, Ed. Siglo XXI, 2003, pp. 51-173.



[1] DE COULANGES, F, La ciudad se forma, en La ciudad antigua…, p. 119.
[2] “…cada uno va tomando consigo a tal hombre para satisfacer esta necesidad y a tal otro para aquella; de este modo, al necesitar todos de muchas cosas, vamos reuniendo en una sola vivienda a multitud de personas en calidad de asociados y auxiliares y a esta cohabitación le damos el nombre de ciudad…”. PLATON, La República, 369 c.
[3] DE COULANGES, F, Op. Cit., p. 124.
[4] CHÂTELET, F, La ideología de la ciudad griega, en Historia de las ideologías…, p. 132.
[5] “…cuando el jefe del pueblo, contando con una multitud totalmente dócil, no perdona la sangre de su raza, sino que acusando injustamente, como suele ocurrir, lleva a los hombres a los tribunales y se mancha, destruyendo sus vidas y gustando de la sangre de sus hermanos con su boca y lengua impuras, y destierra y mata mientras hace al mismo tiempo insinuaciones sobre rebajas de deudas y repartos de tierras, no es fuerza y fatal destino para tal sujeto el perecer a manos de sus enemigos o hacerse tirano y convertirse de hombre en lobo…”, PLATÓN, La República, 566 a.
[6] ANDERSON, P, Grecia, en Transiciones de la antigüedad…, p. 25.
[7] “…en esa ciudad no sea obligatorio el gobernar, ni aun para quien sea capaz de hacerlo, ni tampoco el obedecer si uno no quiere, ni guerrear cuando los demás guerrean, ni estar en paz, si no quieres paz, cuando los demás lo están, ni abstenerte de gobernar ni de juzgar…”. PLATÓN, La República,  558 a.
[8] WAHL, J, Platón, en Historia de la Filosofía…, p. 73.
[9] Op. Cit., p. 75
[10] “…cuando duerme la parte del alma razonable, tranquila y buena rectora de lo demás y salta la feroz y salvaje de ella, ahíto de manjares o de vino, y, expulsando al sueño, trata de abrirse camino y saciar sus propios instintos…en tal estado se atreve a todo, como liberado y desatado de toda vergüenza y sensatez, y no se retrae en su imaginación del intento de cohabitar con su propia madre o con cualquier otro ser, humano, divino o bestial, de mancharse en sangre de quien sea, de comer sin reparo el alimento que sea; en una palabra, no hay disparate ni ignominia que se deje atrás.” PLATÓN, La República, 571 c, d.
[11] “…ningún gobierno cambia sino cuando se produce una disensión en el seno mismo de aquella parte que ocupa los cargos, es imposible que se produzca ningún movimiento mientras ella permanezca acorde…como todo lo que nace está sujeto a corrupción, tampoco ese sistema perdurará eternamente, sino que se destruirá.”, PLATÓN, La República, 545 d, 546 a.
[12] A lo largo de todo el diálogo se presentan seis categorías de Eros, uno, el más antiguo de los dioses causante de los mayores bienes para el hombre, también inspira valor y sacrificio; el segundo Eros se presenta como la pasión sexual y como una fuerza impulsora de nobles acciones ; el tercero es un dios unitario, aquí se juzgarán las acciones humanas, serán buenas o malas según como se hagan, en esta parte se conocen dos Eros, uno vulgar que prefiere los placeres del cuerpo, y el Eros celeste que prefiere el perfeccionamiento moral e intelectual; el cuarto que expresa una búsqueda del amor ente los hombres, se refiere a cuando uno está en busca de su otra mitad, va en busca de Eros; el quinto es un Eros máximo en justicia al ser incompatible con la violencia, tiene autocontrol al imponerse al placer y al deseo. El sexto y último parte de ser el deseo de algo que no tiene y por ello no puede ser ni bello ni bueno, sino algo intermedio considerado un demon intermediario del hombre y los dioses, esta naturaleza intermediaria lo provee de características como búsqueda infatigable por un lado y muerte y resurrección por otro, esto debido a que Eros es quien ama la sabiduría y se ubica entre el sabio y el ignorante, por otro lado, Eros es el deseo de poseer siempre lo bueno y lo bello, también ayuda a los deseos de reproducción humana, debido a que la belleza lo estimula a hacerlo, pues Eros es un deseo de procreación de lo bello; esta procreación se verá como prueba de la naturaleza mortal del hombre al dejar un legado trascendente; se expresa que la manera correcta de acercarse a las cosas del amor es llegar hasta la comprensión de la Belleza en sí a través del cuerpo, alma y conocimiento como la verdadera virtud.
[13] “…me parece que de los placeres y deseos no necesarios una parte son contra ley y es probable que se produzcan en todos los humanos; pero, reprimidos por las leyes y los deseos mejores con ayuda de la razón, en algunos de los hombres desaparecen totalmente o quedan sólo en poco número y sin fuerza, pero en otros, por el contrario, se mantienen más fuertes y en mayor cantidad.”, PLATÓN, La República, 571 b.
[14] “¿O no te has dado cuenta de que las imitaciones, en caso de que continuaran por largo tiempo desde temprana edad, llegan a transformase en hábitos y en una naturaleza, tanto respecto del cuerpo como del discurso o del intelecto?”, PLATÓN, La República, 395 d.

martes, 14 de mayo de 2013

Recorrido por el arte del siglo XX en México


BREVE RECORRIDO POR LA HISTORIA DEL ARTE EN MÉXICO DEL SIGLO XX


ESCUELA MEXICANA DE PINTURA
A partir del fin de la Revolución mexicana el arte en México tomó un rumbo nacionalista, pues trataba de definir lo que era “mexicano”; iniciándose así la vanguardia mexicana con Saturnino Herrán, Francisco Goitia, entre otros; y así dar paso a lo que sería la nueva educación del mexicano: “el muralismo” con Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.


La vanguardia mexicana siguió avanzando y con ello el estilo artístico mexicano en las manos de las surrealistas Leonora Carrington, Remedios Varo y Frida Kahlo, que dieron paso a la nueva generación de artistas llamados “Nueva Presencia”.



Y AHORA VIENEN LOS ALBOROTADORES DE LA RUPTURA: “NUEVA PRESENCIA”
Nueva presencia fue un grupo de artistas mejor llamados como “Los interioristas” por ir con la bandera del neohumanismo, sus intereses en la experiencia artística era eso mismo, la pura experiencia de crear, a ellos ya el muralismo no les importaba ya no creían eficaz un arte para el pueblo, ellos tenían la necesidad de un lugar propio para exponer sus experiencias. Algunos de los interioristas fueron Luis Nishizawa, Rafael Coronel, Francisco Corzas, entre otros.



PORFIN LA TAN NOMBRADA “RUPTURA” DEL ARTE EN MÉXICO
Por ruptura se entiende al periodo comprendido entre 1950 y 1970, la ruptura fue la quiebra de los ideales y cánones estéticos del vanguardismo. El abstraccionismo y el minimalismo fueron un muro de rebote entre la Escuela Mexicana de Pintura; creándose así en 1952 un lugar específico para el arte contemporáneo: “Museo de Arte Contemporáneo Carrillo Gil”.
El gurú de la ruptura fue Rufino Tamayo, este personaje se convirtió en la institución y en el crítico de arte más importante de su época; otra persona importante de la ruptura fue José Luis Cuevas quien rechazó por completo los ideales de la Escuela Mexicana de Pintura, haciéndose fama fuera de su país.



DE LA PINTURA A LA INSTALACIÓN

LOS AÑOS 80´S
Con la tan nombrada “ruptura” del arte los cambios que se dieron fueron de una retórica nacionalista en pro de una abstracción lírica y geométrica, es decir una nueva figuración, para dar fin al culto de la pintura-pintura.
            En la década de los 80´s, en México, la obra de arte sufrió grandes cambios, la pieza dejó de ser bidimensional adquiriendo un espíritu político y contestatario, el nuevo arte que se creaba era llamado happening, performance, arteobjeto, pintas e instalación, estas manifestaciones creaban una estética de concientización, al involucrar al espectador en el acto creativo.
            Dos grupos importantes fueron los que impulsaron estos actos artísticos en nuestro país, uno fue el Grupo Suma conformado por Oliverio Hinojosa, Adolfotográfo, y Javier de la Garza; el otro fue el grupo del Geometrismo mexicano (el ultimo ismo en México) entre sus integrantes están Sebastián, Jesús Mayagoitia, entre otros.



LOS AÑOS 90´S
La década de los 90´s es una época de diversidad en todos los aspectos: diversidad sexual, diversidad de género, diversidad política y por supuesto diversidad en el arte.
En el arte se vivirá una diversidad en la experimentación en producción de imágenes perceptuales, al romper los cánones y métodos académicos; rechaza la obra bidimensional y va en pro de la instalación como una nueva espiritualidad en la fragilidad de la memoria y crea un espacio introspectivo en la individualidad del ser humano, lo que hace a la instalación un arte invendible.
           El grupo de artistas pertenecientes a esta generación de cambios en la dimensionalidad de la obra de arte se encuentran el colectivo Arte Otro, Helen Escobedo, Alejandro Jodorowsky, Pedro Friedeberg, Hersua, Felipe Ehrenberg y el colectivo Proceso Pentágono.



NUEVO MILENIO, TODO MUNDO HUYE DE SUS TIERRAS Y ELLAS SE INTERNACIONALIZAN

ARTISTAS NÓMADAS Y ARTE IN SITU. LA INSTALACIÓN EL PAN DE CADA DÍA.
El inicio del nuevo milenio en México viene acompañado de transformaciones en el arte, una vieja corriente filosófica llamada deconstrucción nos trae a reciclaje los inicios de la vida humana, las civilizaciones nómadas.
En el arte el nomadismo se presenta en la obra como objeto que muestra el mundo en un espacio y tiempo siempre presente que cambia la visión del artista en movimiento para intervenir siempre en otro espacio pero en el mismo tiempo, recontextualizando y estetizando su trabajo al rotar por el mundo para darle un valor de flujo y así crear un arte transterritorial.
Así es como el artista crea una instalación, con las negociaciones culturales, físicas y sociales de su tierra, para llevarla fuera de ella y al establecerla en un nuevo espacio, las condiciones socioculturales intervendrán en ella cambiando su significado, y así perderá su condición nacionalista y terminará en una globalización.


BIBLIOGRAFÍA
1.    Barrios, José Luis. Símbolos, fantasmas y afectos, 6 variaciones de la mirada sobre el arte en México. Ed. Casa vecina. México DF. 2007.
2.    Benítez, Isaa. Hacia otra historia del arte en México. VOL IV. Ed. CONACULTA. México DF. 2004.
3.    De Oliveria, Nicolas, otros. Installation art. Ed. Thames 2 Hudson. USA. 2006.
4.    Debroise, Olivier. La era de la discrepancia: arte y cultura visual en México 1968-1997. Ed. UNAM. México DF. 2006.
5.     Goldman, Shifra. Pintura Contemporánea en tiempos de cambio. Ed. IPN. México DF. 1989.
6.    Juanes, Jorge. Más allá del arte conceptual. Ed. INBA. México DF. 2006.
7.    Larrañaga, Josu. Instalaciones. COL. Arte hoy. Ed. Ramos. Madrid, España. 2001.
8.    Varios. 1900-2000 Un siglo de arte mexicano. Ed. CONACULTA. México DF. 1999
9.    Varios. Arte Contemporáneo de México en el Museo Carrillo Gil. Ed. CONACULTA. México DF. 2000.